
Enseñanzas
de
San Josemaría
Durante su
viaje de catequesis por España. Barcelona, 1972
Todos santos
«Tienes
obligación de santificarte. –Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor
exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el
Señor: Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto».
Todo hombre y toda mujer está llamado a amar a Dios con todo su corazón y
con toda su mente y con toda su alma, y amar a su prójimo como a sí mismo,
no como una simple posibilidad teórica, sino como una realidad práctica.
«Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», dice San Pablo
dirigiéndose a los primeros cristianos. El mensaje es pues «viejo como el
Evangelio y como el Evangelio nuevo». Dios llama a todos los bautizados a
la plenitud de la santidad.
«Es necesario repetir una y otra vez que Jesús no se dirigió a un grupo de
privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios. Todos
los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor. De todos,
cualesquiera que sean sus condiciones personales, su posición social, su
profesión u oficio».
Todos, estén donde estén; cualquiera que sea su estado; agentes de bolsa,
trabajadores de fábrica, programadores informáticos, dependientes,
estudiantes y jubilados ¡todos! son llamados a la santidad no a pesar de
vivir en el mundo, sino precisamente en y a través de las situaciones y
actividades que forman su vida cotidiana. «Muchedumbres de hijos de Dios,
santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes,
ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas».
De san Josemaría
Homilía
Hacia la santidad
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