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La Virgen María
Madre! -Llámala fuerte, fuerte. -Te escucha, te ve en peligro quizá, y te
brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su
regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la
nueva lucha.
Camino, 516
En cuerpo y alma ha subido a los Cielos nuestra Madre. Repítele que, como
hijos, no queremos separarnos de Ella... ¡Te escuchará!
Surco, 898
Di: Madre mía -tuya, porque eres suyo por muchos títulos-, que tu amor me
ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la
audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.
Camino, 497
No estás solo. -Lleva con alegría la tribulación. -No sientes en tu mano,
pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. -Pero... ¿has visto a las
madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus pequeños,
cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de nadie los primeros
pasos? -No estás solo: María está junto a ti.
Camino, 900
Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el
corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen
Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a
otros.
Surco, 849
Busca a Dios en el fondo de tu corazón limpio, puro; en el fondo de tu
alma cuando le eres fiel, ¡y no pierdas nunca esa intimidad!
-Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a
buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, "tota pulchra" -toda pura,
maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido
que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: ¡enséñame -enséñanos a
todos- a tratar a tu Hijo!
Forja, 84
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