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La paz
Tu
vida, tu trabajo, no debe ser labor negativa, no debe ser “antinada”. Es,
¡debe ser!, afirmación, optimismo, juventud, alegría y paz.
Forja, 103
Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso,
cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la
convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con
ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» —Reina de la paz, ¡ruega por
nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... —Te
sorprenderás de su inmediata eficacia.
Surco, 874
¡Paz, paz!, me dices. —La paz es... para los hombres de “buena” voluntad.
Camino, 759
Por todos los caminos honestos de la tierra quiere el Señor a sus hijos,
echando la semilla de la comprensión, del perdón, de la convivencia, de la
caridad, de la paz.
—Tú, ¿qué haces?
Forja, 373
Cuando te hablo del “buen ejemplo”, quiero indicarte también que has de
comprender y disculpar, que has de llenar el mundo de paz y de amor.
Forja, 560
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