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El Papa
“El
amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros una hermosa pasión, porque
en él vemos a Cristo”. Así explicaba san Josemaría el amor que los
cristianos deben tener por la Cabeza de la Iglesia. Reproducimos algunos
textos del santo sobre la unión con los sucesores de Pedro.
Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón.
Camino , 573
Católico, Apostólico, ¡Romano! -Me gusta que seas muy romano. Y que tengas
deseos de hacer tu “romería”, “videre Petrum”, para ver a Pedro.
Camino, 520
Para tantos momentos de la historia, que el diablo se encarga de repetir,
me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre
lealtad: “llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios
una jaculatoria: ¡Roma!”
Surco , 344
Cada día has de crecer en lealtad a la Iglesia, al Papa, a la Santa
Sede... Con un amor siempre más ¡teológico!
Surco , 353
Acoge la palabra del Papa, con una adhesión religiosa, humilde, interna y
eficaz: ¡hazle eco!
Forja, 133
Tu más grande amor, tu mayor estima, tu más honda veneración, tu
obediencia más rendida, tu mayor afecto ha de ser también para el Vice–Cristo
en la tierra, para el Papa. -Hemos de pensar los católicos que, después de
Dios y de nuestra Madre la Virgen Santísima, en la jerarquía del amor y de
la autoridad, viene el Santo Padre
Forja, 135
Que la consideración diaria del duro peso que grava sobre el Papa y sobre
los obispos, te urja a venerarles, a quererles con verdadero afecto, a
ayudarles con tu oración.
Forja, 136
La fidelidad al Romano Pontífice implica una obligación clara y
determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en
Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte
para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y
acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida
Forja, 633
Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va
esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la
periferia.
Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia
al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un
solo apostolado!
Forja, 638
Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint
unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un
mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per
Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María.
Forja, 647
María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es
difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más
vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a
su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro
ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al
reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la
fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la
humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las
gentes y a todos los pueblos.
Es Cristo que Pasa
Esta Iglesia Católica es romana. Yo saboreo esta palabra: ¡romana! Me
siento romano, porque romano quiere decir universal, católico; porque me
lleva a querer tiernamente al Papa, il dolce Cristo in terra como
gustaba repetir Santa Catalina de Siena, a quien tengo por amiga
amadísima.
Contribuimos a hacer más evidente esa apostolicidad, a los ojos de todos,
manifestando con exquisita fidelidad la unión con el Papa, que es unión
con Pedro. El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa
pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración,
caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en
los acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o
dolor, la acción del Espíritu Santo.
Amar a la Iglesia
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