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La oración
Me has
escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" —¿De qué? De El, de ti:
alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones
diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y
desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"
Camino, 91
¿Que no sabes orar? —Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences
a decir: "Señor, ¡que no sé hacer oración!...", está seguro de que has
empezado a hacerla.
Camino, 90
Despacio. —Mira qué dices, quién lo dice y a quién. —Porque ese hablar de
prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de latas.
Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho menees
los labios.
Camino, 85
Habla Jesús: "Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá".
Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de
éxito?
Camino, 96
Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que
dejes la oración: "me falta tiempo" —cuando lo estás perdiendo
continuamente—; "esto no es para mí", "yo tengo el corazón seco"... La
oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama,
esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada.
Surco, 464
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