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            Textos de San Josemaría

 

 

 

Amar a la Iglesia

 

 

¡Qué alegría, poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia santa!
Camino, 518

Querría —ayúdame con tu oración— que, en la Iglesia Santa, todos nos sintiéramos miembros de un solo cuerpo, como nos pide el Apóstol; y que viviéramos a fondo, sin indiferencias, las alegrías, las tribulaciones, la expansión de nuestra Madre, una, santa, católica, apostólica, romana.
Querría que viviésemos la identidad de unos con otros, y de todos con Cristo.
Forja, 630

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una» —la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma.
—Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración!
Forja, 632

Olvídate de ti mismo... Que tu ambición sea la de no vivir más que para tus hermanos, para las almas, para la Iglesia; en una palabra, para Dios.
Surco, 630

Si no tienes veneración suma por el estado sacerdotal y el religioso, no es cierto que ames a la Iglesia de Dios.
Camino, 526

Medítalo con frecuencia: ¡soy católico, hijo de la Iglesia de Cristo! El me ha hecho nacer en un hogar “suyo”, sin ningún merecimiento de mi parte.
—¡Cuánto te debo, Dios mío!
Forja, 16

Ama, venera, reza, mortifícate —cada día con más cariño— por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confió a Pedro.
Forja, 134

Jesús es el modelo: ¡imitémosle!
—Imitémosle, sirviendo a la Iglesia Santa y a todas las almas.
Forja, 138 

 

 

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