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LA FUNDACIÓN DEL OPUS DEI
San Josemaría Escrivá de
Balaguer nació en Barbastro el 9 de enero de 1902. Recibió la ordenación
sacerdotal en Zaragoza el 28 de marzo de 1925. La fecha del 2 de octubre
de 1928 marcará un antes y un después en la vida de San Josemaría. Como
diría en muchas ocasiones, ese día Dios le hizo "ver" aquello por lo que
llevaba pidiendo luces durante más de diez años. Se encontraba en Madrid,
pasando unos días de retiro. Como explica uno de sus biógrafos, «ante su
vista, dentro del alma, aquel sacerdote en oración vio desplegado el
panorama histórico de la redención humana (...) En ese momento captó el
meollo divino de la excelsa vocación del cristiano, que, en medio de sus
tareas terrenales, era llamado a la santificación de su persona y de su
trabajo. Con esa luz vio la esencia de la Obra, destinada a promover el
designio divino de la llamada universal a la santidad (...). Con inmenso
pasmo, entendió, en el centro de su alma, que dicha iluminación no sólo
era respuesta a sus peticiones, sino también la invitación a aceptar un
encargo divino» . A partir de ese momento, empezó a trabajar con gente de
toda condición, en especial, con jóvenes universitarios. A muchos de ellos
les alentaría a acompañarle en sus atenciones a enfermos y a la amplia
catequesis que desarrollaba en los barrios marginales. Así lo recordaba el
día de San José de 1975: «Fui a buscar fortaleza en los barrios más pobres
de Madrid. Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una
parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían
nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños,
que quiere decir almas agradables a Dios (...) Fueron años intensos, en
los que el Opus Dei crecía para adentro sin darnos cuenta. Pero he querido
deciros que la fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los
hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas,
perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas
barriadas extremas».
VALENCIA, LA PRIMERA CIUDAD A LA QUE EXTENDIÓ SU
LABOR
APOSTÓLICA
Ese encargo divino que había
recibido el 2 de octubre de 1928 tenía desde su origen una entraña
universal, y tenía que extenderse por todo el mundo.
A finales de octubre de
1935, mantuvo conversaciones con el Obispo de Pamplona, don Marcelino
Olaechea –que sería nombrado Arzobispo de Valencia en 1946- y con don
Javier Lauzurica, Obispo auxiliar de la diócesis de Valencia. El 2 de
noviembre recogía por escrito el efecto que le habían causado ambos
encuentros: «Es consolador ver cómo la Jerarquía, al conocer la Obra, la
quiere. En estos días los Srs. Obispos de Pamplona y Auxiliar de Valencia
me han demostrado un cariño, que no sé cómo agradecer». En esa ocasión,
quedará ya con don Javier Lauzurica para visitarle en la capital del Turia,
como apunta en una carta del 3 de marzo de 1936: «En la segunda quincena
de abril, pienso ir por Valencia, pues de ningún modo abriremos jamás
Academias ni Residencias, sin el beneplácito de los Sres. Prelados».
San Josemaría acudió por
primera vez a Valencia el 20 de abril de 1936, acompañado del joven
arquitecto Ricardo Fernández Vallespín, no sin antes constatar en sus
Apuntes íntimos que es voluntad de Dios abrir nuevos apostolados fuera de
Madrid: «Veo la necesidad, la urgencia de abrir casas fuera de Madrid y
fuera de España (...) Siento que Jesús quiere que vayamos a Valencia y a
París (...). Ya se está haciendo una campaña de oración y sacrificios, que
sea el cimiento de esas dos Casas».
En ese viaje, tras dejar en
manos de la Virgen de los Desamparados la labor apostólica que se proponía
realizar, se entrevistó con don Javier Lauzurica, con don Eladio España,
rector del Colegio del Patriarca y con don Antonio Rodilla, director del
Colegio Mayor San Juan de Ribera. Aprovechó para conversar con Rafael
Calvo Serer, entonces estudiante becario del Colegio Mayor San Juan de
Ribera de Burjassot, quien tras un largo paseo que les llevó desde la plaza
de toros hasta el puerto, decidió incorporarse al Opus Dei: era la primera
vocación valenciana.
Cuando regresa a Madrid
piensa ya en una residencia universitaria en Valencia para el curso
1936-37, pero esas ilusiones habrán de quedar bruscamente aplazadas hasta
1939. Apenas concluida la contienda, don Antonio Rodilla, vicario general
de la diócesis, de parte de don Prudencio Melo y Alcalde, Arzobispo de
Valencia, pidió a San Josemaría que predicara unos ejercicios
espirituales al clero diocesano; los ejercicios se celebraron en Alacuás,
en el convento de las Madres Doctrineras. También predicó un curso de
retiro para universitarios, a principios de junio de 1939, en el Colegio
Mayor San Juan de Ribera.
EL
PRIMER CENTRO DEL OPUS DEI Y LAS PRIMERAS VOCACIONES
En septiembre de 1939
bendijo la sede del primer Centro de la Obra en Valencia, que, como ya se
ha dicho, era también el primero del mundo fuera de Madrid: se trataba de
un pisito en la calle de Samaniego, número 9, tan pequeño que los jóvenes
que lo frecuentaban lo llamaban con buen humor «El Cubil». El escritor
Juan Luis Corbín narra algunos detalles de esos momentos: «Ni que decir
tiene que un centro estudiantil con tan escasas dependencias -y al que
cada vez acudían más universitarios-, debía ser algo provisional. En
efecto, don José María Escrivá abrigaba el proyecto de abrir cuanto antes
la ansiada Residencia de estudiantes. (...) A finales de julio del año
1940, las gestiones intensas para localizar una casa con mejores
condiciones para Residencia, iban a dar su fruto. Volverá a ser la calle
de Samaniego la protagonista de la nueva empresa, pudiendo utilizarse para
tal fin la vetusta casona -no carente de historia- cual fue la del número
16.» Al dejar «El Cubil» «se tenía la sensación como si se dejase un
entrañable palacio, que desde entonces ya -y sin sospecharlo- entraría a
formar parte en la historia de la calle de Samaniego y, por tanto, de
nuestra ciudad».
Por allí acudían a estudiar,
y a participar en los medios de formación cristiana que se impartían,
algunos de los primeros valencianos que pedirían la admisión en el Opus
Dei: Amadeo de Fuenmayor, Federico Suárez, Florencio e Ismael Sánchez
Bella, Aurelio Mota, José Orlandis, Juan Cabellos, Vicente Fontavella,
José Montañés, José Cremades, José Manuel Casas Torres, Emilio Bonell,
Antonio Ivars, Ángel López Amo, Carlos Verdú, Bartolomé Lloréns, Vicente
Mortes... Muchos de ellos se trasladaron muy pronto a otros países
(Colombia, Brasil, Portugal, Filipinas, Argentina...) para extender el
trabajo del Opus Dei en servicio de la Iglesia.
Tuvieron que pasar 13 años
de intenso trabajo y sacrificio económico para conseguir una sede más
adecuada: el Colegio Mayor Universitario de La Alameda, que con el paso de
los años se ha convertido en un importante foco cultural de nuestra
ciudad. Allí le preguntaron a San Josemaría, en 1972, cuál era el mejor
recuerdo que albergaba de la Residencia de estudiantes de Samaniego. Su
respuesta trasluce su amor tan intenso por la Eucaristía: «El día que
dejamos a Nuestro Señor en el Tabernáculo, y las horas que hemos pasado
rezando allí, junto a aquel Sagrario tan pobre y tan encantador».
LA
PRIMERA EDICIÓN DE «CAMINO»
También en 1939, Valencia
fue testigo de un singular acontecimiento, no desdeñable para el
historiador: en unos talleres de la calle Pintor Salvador Abril -GráficasTuria-
veía la luz la primera edición de «Camino», el libro más conocido de
Josemaría Escrivá. Actualmente, más de cuatro millones de ejemplares, y
trescientas sesenta ediciones en 43 idiomas acreditan el impacto de este
libro entre personas de las más diversas mentalidades, incluso no
católicos.
Encarnita Ortega, una de las
tres primeras mujeres del Opus Dei, recuerda la impresión que le dejó la
lectura de «Camino» al poco de su publicación. Conoció a San Josemaría en
Alacuás, en 1941, «con ocasión de unos ejercicios espirituales que el
Padre predicaba. Yo acudí por curiosidad, para ver cómo hablaba y cómo era
el autor de “Camino”, un libro que me había causado un fuerte impacto,
porque marcaba una espiritualidad muy viva, muy actual, muy incisiva y, al
mismo tiempo, de una forma tan concreta que resultaba fácil poder llevarlo
a la práctica».
Aunque a partir de los
primeros años cuarenta llegan las primeras vocaciones de mujeres, es el 9
de enero de 1952 -hace ahora cincuenta años- cuando se abre el primer
centro: en esa fecha llegan Carmen Gutiérrez Ríos, Berta Boyero y Fina
Botella. Junto con María Luisa Moreno de Vega, que ya se encontraba
aquí, se hicieron cargo de un dispensario en la parroquia de Nuestra
Señora del Carmen, donde atendían a personas de ese barrio.
VALENCIA EN LOS ESCRITOS DE SAN JOSEMARÍA
En muchas otras ocasiones
estuvo San Josemaría en Valencia, impulsando la labor apostólica del Opus
Dei, y predicando numerosos cursos de retiro a diversos grupos de
personas: a universitarios, en Burjassot; a sacerdotes, en el Seminario
Metropolitano; a los consiliarios de Acción Católica, en Alacuás; también
en Alacuás, a chicas de Acción Católica; etc. Muchas veces celebró la
Santa Misa en la Catedral -solía hacerlo en el Altar de la Trinidad, junto
a la subida al Miguelete-, y al menos en una ocasión, el 25 de marzo de
1944, en el Camarín de la Virgen de los Desamparados.
Desde el principio, el
Fundador del Opus Dei había captado la idiosincrasia de nuestro pueblo,
que no pocas veces recibe un juicio superficial y poco acertado. En su
primer viaje a Valencia observó la labor sacrificada de los agricultores
junto al cauce del Turia. Poco después comentaría en un curso de retiro:
«Se dice de los valencianos que son "pensat i fet": pura improvisación y
falta de continuidad; y yo he comprobado que no es así: a la orilla del
río aprovechan para hacer sembrado, y muchas veces se los lleva una riada.
Pero no creáis que desisten: vuelven a sembrar de nuevo. Eso no es
improvisación, sino perseverancia. Pues en la vida interior hay que saber
hacer lo mismo.»
Este paso por Valencia dejó
huella en sus escritos, que se encuentran ya entre los clásicos de la
espiritualidad. En una de sus homilías publicada en «Amigos de Dios»,
refiere cómo en cierta ocasión que estuvo en la Catedral de Valencia, al
pasar por delante del sepulcro del Venerable Ridaura, le contaron que,
cuando a este sacerdote, ya anciano, le preguntaban cuántos años tenía,
siempre contestaba: «poquets, els que porte servint a Deu». El Fundador de
la Obra aprovecha para decir a sus hijos, y a cuantos le leeríamos
después, que «los años que cuentan son los que se gastan sirviendo al
Señor» en el propio ambiente y en la propia profesión, que constituyen el
cauce normal de servir a Dios, a través de los demás.
En otro lugar de ese libro
cuenta que «allá por los primeros años de la década de los cuarenta, iba
yo mucho por Valencia. No tenía entonces ningún medio humano y, con los
que -como vosotros ahora- se reunían con este pobre sacerdote, hacía la
oración donde buenamente podíamos, algunas tardes en una playa solitaria».
Era la playa de la Malvarrosa. Allí presenció una conmovedora escena,
digna de un cuadro de Sorolla, de la que tomará pie para darnos luz sobre
nuestras relaciones con Dios: «Un día, a última hora (...) vimos que se
acercaba una barca a la orilla, y saltaron a tierra unos hombres morenos,
fuertes como rocas, mojados, con el torso desnudo, tan quemados por la
brisa que parecían de bronce. (...) Tiraban con mucho brío, los pies
hundidos en la arena, con una energía prodigiosa. De pronto vino un niño,
muy tostado también, se aproximó a la cuerda, la agarró con sus manecitas
y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada
refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el
pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba». Y de ahí
sacaba la enseñanza: si nosotros nos presentamos ante el Señor como ese
pequeño, convencidos de nuestra debilidad pero dispuestos a secundar sus
designios, «arrastraremos la red hasta la orilla, colmada de abundantes
frutos, porque donde fallan nuestras fuerzas, llega el poder de Dios».
UNIÓN
FRATERNAL CON LOS OBISPOS DE VALENCIA
Le unió una fraternal amistad con los obispos de Valencia que conoció.
Mons. Marcelino Olaechea nos dejó un precioso testimonio de su santidad:
«Yo le tengo -decía a su secretario- por un verdadero escogido, por un
verdadero santo... Yo siento tener que morir antes que él y no poder
testimoniar en su Proceso de Canonización. Testimonia tú en mi nombre, y
haz presente en tu testimonio este mi encarecido ruego». Mons. José María
García Lahiguera afirmó que «en mi relación con Mons. Josemaría Escrivá, a
lo largo de más de cuarenta años, se ha cimentado en mi ánimo un profundo
convencimiento de la eminente santidad de su vida y de las heroicas
virtudes que han adornado esta alma egregia». Y el anterior Arzobispo de
Valencia, Monseñor Miguel Roca Cabanellas, que afirmó que «yo mismo tuve
la dicha de conocerle y tratarle ya desde 1939, y sus consejos hicieron
siempre mucho bien a mi alma».
LA
CATEQUESIS DE 1972
Con el tiempo, y sobre todo
desde que se estableció en Roma, en 1946, se fueron distanciando los
viajes del Fundador del Opus Dei a Valencia. En los días que permaneció en
nuestra ciudad durante su catequesis por la Península Ibérica en 1972, se
reunió en La Lloma, casa de retiros cercana a Rafelbuñol y El Puig; en el
Colegio Mayor de La Alameda, y en el colegio Guadalaviar con miles de
personas: jóvenes, matrimonios, sacerdotes, etc. También quiso postrarse
ante los pies de la Virgen de los Desamparados; rezó en la Catedral ante
la tumba de don Marcelino Olaechea, quien había fallecido el mes anterior;
pasó por la antigua iglesia de San Juan del Hospital, encomendada a
sacerdotes de la Obra; conversó con don José María García Lahiguera, gran
amigo suyo y en aquel entonces Arzobispo de Valencia; y estuvo -entre
otros lugares- en un convento de religiosas de clausura, en las Carmelitas
Descalzas de Puzol.
El Colegio Guadalaviar,
primer colegio promovido por mujeres del Opus Dei en el año 1959, acogió
varios de los encuentros que San Josemaría mantuvo en esa catequesis con
cientos de personas. Eran ocasiones en que respondía a las cuestiones que
se le planteaban, en las que explicaba la doctrina de la Iglesia Católica
y se traslucía su corazón sacerdotal. En una de estas tertulias en
Guadalaviar, uno de los presentes le preguntó cómo podía agradecerle todo
lo que había hecho por Valencia. El Fundador del Opus Dei le contestó: «Si
esto ha salido es por vosotros, por Dios Nuestro Señor que ama mucho a
Valencia, por la protección de la Madre de Dios de los Desamparados, y por
el esfuerzo de todos: yo no he hecho más que miraros con cariño. ¡Dios os
bendiga a los valencianos!».
En ese mismo viaje, estuvo
de tertulia con los colegiales del Colegio Mayor de La Alameda el 17 de
noviembre, y aprovechó la ocasión para consagrar el altar del oratorio. En
el Acta de consagración, dejó escrito: «Con qué anhelo deseé -hace ya
mucho, y durante largo tiempo- que el Opus Dei viniera a esta ciudad: hasta
que el Señor concedió generosamente a su siervo que también aquí tuviera
hijos e hijas; al regresar a Valencia, eran incontables las acciones de
gracias a Dios que llenaban mi corazón de Padre feliz ... ».
UNA
MOVILIZACIÓN DE CRISTIANOS
El principal apostolado del
Opus Dei es el que realiza cada uno de sus miembros personalmente, en su
propósito diario de dar a conocer -con el ejemplo de vida y con la
palabra- la doctrina de Cristo. Esto es lo que llevó a San Josemaría
Escrivá a decir, desde los comienzos, que la labor apostólica de los
miembros del Opus Dei es como «un mar sin orillas» o «una gran catequesis
cristiana» en todos los ambientes de la sociedad civil. Es el apostolado
cristiano, que nace cuando un hombre, una mujer, descubre que ser
cristiano significa enamorarse de Dios y buscarlo en cualquier
circunstancia de la vida diaria: un gozoso hallazgo que se difunde
alrededor con naturalidad, y cuyos frutos no es fácil cuantificar:
conversiones, vuelta a la fe y a la práctica cristiana, consolidación de
los vínculos familiares, mejora del espíritu de cooperación y
solidaridad...
Además, bajo el impulso de
la formación cristiana que reciben, los fieles de la Prelatura, junto con
otras muchas personas, promueven en todo el mundo innumerables
iniciativas asistenciales o de promoción social, para contribuir a
resolver necesidades reales de la sociedad en la que viven. A petición de
sus promotores, la Prelatura del Opus Dei se ocupa de la formación
cristiana que se imparte en algunas de esas iniciativas. El espíritu que
anima estas actividades refleja las características esenciales del Opus
Dei. En primer lugar, responden a una finalidad sobrenatural: se trata
siempre de tareas apostólicas; y están abiertas a personas de toda raza,
nacionalidad, religión o posición social, sin ninguna discriminación. De
ahí también que reine en ellas un clima de libertad y de respeto a la
opinión ajena.
Algunas labores apostólicas
promovidas por miembros y Cooperadores del Opus Dei en Valencia son, por
ejemplo, los colegios Guadalaviar y Vilavella; el centro de Formación
Profesional Altaviana; los Colegios Mayores Universitarios Saomar, La
Alameda y Albalat; una escuela de Formación Profesional de auxiliares de
enfermería en La Malvarrosa; las Asociaciones Juveniles Diemal y Dardo; la
Biblioteca Sacerdotal Almudí, etc. En el ámbito de la Comunidad
Valenciana, entre otras, las Escuelas Familiares Agrarias El Campico, en
Jacarilla, y la Malvesía y Torrealedua, en Llombay; el colegio El Vedat,
de Torrent, y la casa de retiros y convivencias La Lloma, cercana a El
Puig. Recientemente se ha comenzado una Escuela de Formación Profesional
dirigida sobre todo a emigrantes y personas con pocos recursos económicos.
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